Diría Borges: "se mudó a la quinta del ñato".
(a quienes esperaban algo más "profundo", les pido perdón: esto merecía un post)
martes, junio 30, 2009
The Parrot Has Ceased To Exist
sábado, junio 27, 2009
Don Arturo vs. el resto de los alemanes
Toma carrera y les suelta: "son estúpidos y aburridos como gorros de dormir".
(Hasta la crítica más cruel se puede resistir con cierto aplomo, pero no hay defensa contra la carcajada.)
la cita es de Schopenhauer , "El amor, las mujeres y la muerte"
miércoles, junio 24, 2009
Seminal saturnino
(Ay...)
qué ganas, tiempo!
de sembrarte de instantes,
de hacerme un tiempo
qué ganas, tiempo!
de sembrarte de instantes,
de hacerme un tiempo
martes, junio 02, 2009
Obviedad #13 (Las huestes de Judas)
Cada tanto se da el curioso caso de que, inexplicablemente, graciosamente, algunas personas se avienen a tolerarnos. Y nosotros, que somos gente simple, nos sentimos tan inmerecidamente afortunados que por las noches despertamos pensando en la fina línea que separa la gratitud del deseo de venganza.
martes, mayo 26, 2009
Un buen día
Rara vez nos ponemos a pensar que alguna vez existió un mundo sin cine ni televisión. Rara vez nos atrevemos a la conclusión de que ese tipo de cosas son antropológicamente indispensables. Más raro todavía es que nos planteemos el origen de toda religión organizada como nada más que una variante de la misma necesidad: la de pasar el tiempo. Cuando lo hacemos, ya no nos parece tan extraordinaria nuestra contemporánea costumbre de congregarnos masivamente para aislarnos unos de otros.
Es bastante raro, incluso, que lleguemos considerar a la religión y al lenguaje como aliados que se alimentan de su recíproca traición. No es habitual en nosotros caer en la cuenta de que las peregrinaciones conviven con los talk shows, y los ejércitos coexisten con las bibliotecas. Que, a pesar de todo, sigue habiendo lugar para nuevas razas de cucarachas, virus, profetas, bacterias, paradojas y partículas subatómicas.
Casi nunca se nos ocurre que rebaño no es comunidad, y que soledad no es necesariamente independencia.
No es algo que suceda seguido, decíamos. Y sin embargo, alguna fresca mañana de otoño, nos quedamos sin argumentos para sostener lo contrario.
Y es una buena mañana.
Es bastante raro, incluso, que lleguemos considerar a la religión y al lenguaje como aliados que se alimentan de su recíproca traición. No es habitual en nosotros caer en la cuenta de que las peregrinaciones conviven con los talk shows, y los ejércitos coexisten con las bibliotecas. Que, a pesar de todo, sigue habiendo lugar para nuevas razas de cucarachas, virus, profetas, bacterias, paradojas y partículas subatómicas.
Casi nunca se nos ocurre que rebaño no es comunidad, y que soledad no es necesariamente independencia.
No es algo que suceda seguido, decíamos. Y sin embargo, alguna fresca mañana de otoño, nos quedamos sin argumentos para sostener lo contrario.
Y es una buena mañana.
miércoles, mayo 20, 2009
Of all things unfair...
Poor dancing skills, though shared by many, are still poor dancing skills. Collective shame does not trump individual embarrassment.
lunes, mayo 18, 2009
El vigía
...y por la noche
la vigilia que protege a las bestias
que no duermen/de las bestias
viernes, mayo 15, 2009
Un shopping en Andrómeda (The Wild Blue Yonder)

Con The Wild Blue Yonder, Werner Herzog nos impone una "fantasía de ciencia ficción" construida (¿casi?) completamente en base a registros documentales. Sin embargo, la parte que preferimos interpretar como "fantástica" o "ficcional" es el relato que da unidad a los fragmentos. Se trata en este caso de una narración a cargo del actor Brad Dourif, o tal vez fuera más exacto decir "del personaje interpretado por el actor...". Pero esta distinción no es tan sencilla, ya que la película nos instala en un complejo vórtice de verosimilitudes contradictorias y/o complementarias. El "narrador" es un autoproclamado extraterrestre, de lo más parecido al actor antes mencionado, desprolijo, resentido y proveniente de la galaxia de Andrómeda. Como con la mayoría de los héroes de Herzog (como con la mayoría de los mortales), nos encontramos ante un perdedor épico. Estaríamos frente a un enfermo mental que tiene la necesidad imperiosa de invitarnos a espiar en su conciencia alienada; o bien ante un auténtico inmigrante transgaláctico que comparte que con nosotros sus más íntimas frustraciones. Un análisis un tanto más profundo no tarda en revelar, sin embargo, que ambas interpretaciones no son necesariamente excluyentes.
¿El proyecto? Abandonar un planeta moribundo, instalarse en un lejano paraje del universo, y finalmente construir un hábitat a la medida de los expedicionarios, una próspera ciudad que no carezca del orgullo de toda metrópoli: un resplandeciente centro comercial.
¿El resultado? Las remotas ruinas de lo que nunca llegó a ser. La tristeza inconsolable ante "toda esa mercadería sin vender".
"Los inmigrantes (aliens) no somos lo que estedes creen. Los inmigrantes somos una porquería", dice, y el terror ante implacables flotas aniquiladoras se nos va transformando en pena, o en un miedo más profundo.
También están, por supuesto, esas imágenes. Las imágenes que pueblan el relato pertenecen a la fantasía o el delirio; pero también a los más prestigiosos archivos documentales. ¿Y por qué no? En el relato, los humanos también son (o llegan a ser) inmigrantes. En el mismo relato (y en la mundana entrevista a un matemático de la NASA), los humanos --¿ellos?¿nosotros?-- también proyectan un paraíso de centro comercial, comida rápida y entertainment para todos. No falta quien expresa la esperanza de que el éxodo masivo devuelva a la Tierra una armonía de "reserva natural": sin hombres, sin historia --pero con convenientes miradores que permitan a los turistas admirar el paisaje--.
De alguna manera, no podemos evitar preguntarnos si el material del que están construidos los mitos es necesariamente diferente del que constituye lo nos empecinamos en llamar "realidad".
Queremos, y no podemos, evitar reconocernos en el relato alienado, en las inexplicables imágenes de austera belleza y desasosiego infinito.
O --quizá más precisamente-- podemos, y no queremos, enfrentarnos a la pregunta sobre nuestra condición.
Y ahí viene Herzog y nos asesta un cross a la mandíbula que nos deja, otra vez, mirando a las estrellas.
¿El proyecto? Abandonar un planeta moribundo, instalarse en un lejano paraje del universo, y finalmente construir un hábitat a la medida de los expedicionarios, una próspera ciudad que no carezca del orgullo de toda metrópoli: un resplandeciente centro comercial.
¿El resultado? Las remotas ruinas de lo que nunca llegó a ser. La tristeza inconsolable ante "toda esa mercadería sin vender".
"Los inmigrantes (aliens) no somos lo que estedes creen. Los inmigrantes somos una porquería", dice, y el terror ante implacables flotas aniquiladoras se nos va transformando en pena, o en un miedo más profundo.

También están, por supuesto, esas imágenes. Las imágenes que pueblan el relato pertenecen a la fantasía o el delirio; pero también a los más prestigiosos archivos documentales. ¿Y por qué no? En el relato, los humanos también son (o llegan a ser) inmigrantes. En el mismo relato (y en la mundana entrevista a un matemático de la NASA), los humanos --¿ellos?¿nosotros?-- también proyectan un paraíso de centro comercial, comida rápida y entertainment para todos. No falta quien expresa la esperanza de que el éxodo masivo devuelva a la Tierra una armonía de "reserva natural": sin hombres, sin historia --pero con convenientes miradores que permitan a los turistas admirar el paisaje--.
De alguna manera, no podemos evitar preguntarnos si el material del que están construidos los mitos es necesariamente diferente del que constituye lo nos empecinamos en llamar "realidad".
Queremos, y no podemos, evitar reconocernos en el relato alienado, en las inexplicables imágenes de austera belleza y desasosiego infinito.
O --quizá más precisamente-- podemos, y no queremos, enfrentarnos a la pregunta sobre nuestra condición.
Y ahí viene Herzog y nos asesta un cross a la mandíbula que nos deja, otra vez, mirando a las estrellas.
Las fotos publicadas son del sitio oficial de la película (el primero de los links de este post)
miércoles, mayo 06, 2009
Imposibilidad de la eugenesia (Obviedad #12)
Dios existe, y es esquizofrénico. Es uno y es múltiple, es y no es eterno, inmaterial, inmutable, etc.
Matarlo equivale a resucitarlo, y viceversa.
Mierda de tipo...
Matarlo equivale a resucitarlo, y viceversa.
Mierda de tipo...
jueves, abril 02, 2009
Obviedad #11 (Uretra vs.Eolo)
Bueno, basta!!! Me cansaron.
A partir de este momento renuncio a utilizar cualquier otro criterio que no sea el propio. Es decir, el peor criterio posible. O también: el único que se deja usar.
A partir de este momento renuncio a utilizar cualquier otro criterio que no sea el propio. Es decir, el peor criterio posible. O también: el único que se deja usar.
martes, marzo 31, 2009
Infinito Actual (De la contradictoria naturaleza del deseo)
El tipo tiene miedo de morirse antes poder leer todos los libros que ansía leer. Aunque, a veces, al mismo tiempo le aterroriza seguir leyendo. Teme que sus predicciones sean erróneas y que, a este paso, llegue a agotar en pocos años todas las lecturas que valen la pena --quizá no sean tantas al fin y al cabo--. No se atreve ni a pensarlo: estaría condenado a repartir el tiempo sobrante entre los abismos de la soledad y los horrores de la banalidad.
Identidad de los indiscernibles
Kírilov razona así. No existir le es imposible, ser Dios le es imposible: lo imposible es lo único que vale la pena llevar a cabo.
lunes, marzo 16, 2009
Obviedad #10
La felicidad es algo sencillísimo y, por lo demás, completamente inútil.
Tal vez no sin sabiduría se nos ha enseñado a sospechar de las cosas inútiles, a no intentar la felicidad.
Tal vez no sin sabiduría se nos ha enseñado a sospechar de las cosas inútiles, a no intentar la felicidad.
domingo, marzo 08, 2009
Argumentum Maradonicus
Hace unos días me encontraba visitando a un amigo. En la casa había un niño que efrentaba una especie de crisis de fe o de lealtad: sus simpatías oscilaban entre dos equipos de fútbol antagónicos. En algún momento todos los presentes declararon, a manera de ejemplo aleccionador, su propio apoyo incondicional a tal o cual club. Yo permanecí callado, pero la infancia es más suspicaz, o más cruel, por lo que me vi de pronto interpelado:
"¿Y vos, de qué cuadro sos?"
Murmuré algunas palabras resignadas, a todas luces insatisfactorias. "No es de ninguno. A él no le interesa el fútbol", explicó mi amigo, con aplicada paciencia, exigida probablemente por la edad del interlocutor y por la secreta ignominia de tal revelación.
Acaso por primera vez en su vida, el niño tuvo conciencia de ser testigo de un escandaloso desequilibrio en la trama de la realidad:
"¿De ningún cuadro? Vos no tendrías que existir en este universo."
Por supuesto, su conclusión era lógica, prístina, convincente. Recuerdo haber pensado "este chico tiene alma de teólogo, o de delantero". Guardo también la sensación de hacerme gradualmente más pequeño, más inconsistente ante su mirada.
jueves, marzo 05, 2009
El condenado
"No creo en el talento. Lo que me parece un signo evidente de que, si el talento existe, existe en otros.
No creo en el talento, quiere decir: soy incapaz de poseerlo o de reconocerlo. Soy, lo que se dice, completamente inmune.
Más o menos similar es mi posición respecto al Infierno; pero eso es otro tema..."
martes, marzo 03, 2009
La última novela de Borges (Los sospechosos de siempre)
En sus conferencias sobre Borges y la Matemática , Guillermo Martínez habla sobre ciertas características formales (a la vez estilísticas y temáticas) de la narrativa (o poética en sentido amplio) borgeana que la acercan al modo de pensar de los matemáticos. Una es la preocupación por el infinito, otra, relacionada intrínsecamente con ella, es la de los objetos recursivos. Éstos últimos se presentan o bien como recursividades “ascendentes” (o “hacia fuera”) o como recursividades “descendentes” (o “hacia el interior”). Un ejemplo es el protagonista de Las Ruinas circulares, tan ocupado en soñar otro ser, que sólo al final cae en la cuenta de que él mismo está siendo soñado. O el rabino que contempla en el Golem su imperfecta imitación de humanidad, y que a su vez se halla bajo la mirada (no menos desencantada) del dios a quien debe su propia existencia. Ejemplos de recursividad “hacia adentro” serían el relato incluido en las Mil y una noches que consiste nada menos que en Las Mil y una noches, o la prisión infinitamente estrecha de Funes el Memorioso, atrapado en los recuerdos singulares de cada instante, que incluyen los recuerdos de cada recuerdo, etc. Ahora bien, en un intento de arrumbar a Borges dentro de ese territorio inverosímil que se dio a llamar “la posmodernidad” se ha pretendido que sus cuentos son meta-novelas, sus procedimientos estériles artefactos autorreferenciales, como los de cualquier “posmoderno”; para colmo, se ha querido derivar de todo esto su “genialidad”. Hay que reconocer que el propio Borges tiene cierta responsabilidad en la confusión, pero también es justo concederle que ningún verdadero artista posee el tiempo o la voluntad de convertirse en su propio curador.
Ahora bien, ante la pregunta de por qué no hay una novela de Borges, me permito aventurar la siguiente interpretación: toda su obra es una única novela. En su ensayo Borges novelista, Saer sostiene que en el centro de la teoría borgeana de la narración "hay un rechazo del acontecimiento, de la causalidad natural, de la inteligibilidad histórica y de la hiperhistoricidad que caracteriza al realismo”(…) Lo que caracterizaría a la novela como a la epopeya es una acumulación de acontecimientos que se agregan unos a otros y que se caracterizan por su variedad y su transformación * . Lo que quería proponer es que es intersante intentar pensar que en Borges hay a la vez, ese rechazo y la resignada aceptación de que cualquier esfuerzo humano participa de esa “imperfección estética” de la epopeya y la novela. Ante tal panorama, su apuesta (su destino) sería construir la novela sin novela, aceptar la complicidad con la novela que se escribirá inexorablemente, con o sin ayuda del autor. Esta actitud sí es innegablemente paradójica, y por qué no inevitable; lo que Borges ha sabido construir (en eso, creo yo, consiste su verdadera poética) es la sospecha de que todo este mecanismo forma parte de su obra, de su “proyecto”. Joyce escribe el Ulysses y no hay duda de que pretende construir una novela que contenga el mundo. Escribe una novela imposible, que es imposible de abarcar. Borges escribe cuentos cuya lectura conjunta (aunque sea parcial) aspira a lograr el efecto de una novela leída de manera fragmentaria, morosa o distraída; tal suele ser el destino de la novela de Joyce, incluso para ese gran lector que fue Borges. El tema del “lector distraído” viene de Macedonio Fernández, a cuya influencia (entre otras) imputa Saer la negativa borgeana de incursionar en el “género de la novela”.
Como en el caso de Joyce, este “programa” que aquí conjeturamos es una construcción ambiciosa, incompleta por definición, y a todas luces imposible. Pero en los infinitos intersticios de esta caja china se cuela algo que está más allá de las ambiciones técnicas o “formales”; un resto incomputable, indecidible, que se decanta más bien hacia la sospecha, hacia la duda, hacia el horror o la maravilla. De esta manera, su obra completa puede ser leída como una novela fantástica; pero puede también irrumpir como un hecho fantástico, inexplicable, un objeto a la vez recursivo y anti-recursivo, que se agota y no se agota a sí mismo. Curiosamente, es el efecto que suele provocarnos la experiencia de ciertos prodigios (como pueden ser la buena literatura, o la auténtica genialidad).
*De Borges todavía, Guillermo Martínez.
jueves, febrero 26, 2009
Obviedad #9 (Insert Coin)
...un cuerpo puro
sin calambres, sin marcas, sin traiciones
puños lisos y temibles,
y córneas
transparentes
...quien tuviera, también, la inteligencia
(y los huesos) sin fisuras,
molares adamantinos
y venas sin toxinas...
sin calambres, sin marcas, sin traiciones
puños lisos y temibles,
y córneas
transparentes
...quien tuviera, también, la inteligencia
(y los huesos) sin fisuras,
molares adamantinos
y venas sin toxinas...
¿es pedir mucho?
un cuerpo puro, eso nomás
para empezar
alegremente
a demolerlo.
alegremente
a demolerlo.
lunes, febrero 23, 2009
Blogs que sigo
Alicia María
http://enelpaisdealiciamaria.blogspot.com/
Lina en USA
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Haikus públicos
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Delirios de mi hermano
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A-Parte del Profe
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Tres al hilo
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El blog de Luis Madrigal
http://www.luismadrigal.blogspot.com/
Lilya Nuratis (no es para tu abuelita)
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el amor es como una alcachofa
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Debajo del jarrón azul
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Confesiones de Sin Agustín
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martes, febrero 10, 2009
Obviedad #8
Si no fuera
por
el cansancio
en los huesos
te olvidarías
del esqueleto.
miércoles, febrero 04, 2009
Ek-stasis
(Las palabras que siguen sonarán inevitablemente torpes. No me excuso: este post es probablemente tan innecesario e impreciso como cualquier otro.)
Algunas veces, sin que medie razón aparente, el tipo empieza a ver las cosas como en dos dimensiones. No hay mejor manera de decirlo. Como en una película, o un cuadro. Solamente en esas contadas e impredecibles ocasiones el tipo se siente auténticamente cerca de algo. Si no fuera por cierto malsano pudor, hasta se atrevería a confesarse que sólo en esos momentos se siente más o menos vivo.
Es como una soledad, pero sin culpa, sin angustia. Cuando mira con esos ojos sabe que no son los suyos, pero cuando mira con esos ojos sabe que es él el que mira. (expresiones negligentes, morosas, que se le ocurren tiempo después y que, tiempo después, no significan absolutamente nada)
Un transparente mecanismo de defensa; el sórdido refugio del cobarde; el áspero tobogán de la insanía; o su infatigable estupidez hecha instante: son los diagnósticos más frecuentes (y más fáciles) que el tipo alcanza a proponerse.
Hay que reconocer que todo esto sería bastante triste, si en esa mirada hubiera lugar para la tristeza.
Algunas veces, sin que medie razón aparente, el tipo empieza a ver las cosas como en dos dimensiones. No hay mejor manera de decirlo. Como en una película, o un cuadro. Solamente en esas contadas e impredecibles ocasiones el tipo se siente auténticamente cerca de algo. Si no fuera por cierto malsano pudor, hasta se atrevería a confesarse que sólo en esos momentos se siente más o menos vivo.
Es como una soledad, pero sin culpa, sin angustia. Cuando mira con esos ojos sabe que no son los suyos, pero cuando mira con esos ojos sabe que es él el que mira. (expresiones negligentes, morosas, que se le ocurren tiempo después y que, tiempo después, no significan absolutamente nada)
Un transparente mecanismo de defensa; el sórdido refugio del cobarde; el áspero tobogán de la insanía; o su infatigable estupidez hecha instante: son los diagnósticos más frecuentes (y más fáciles) que el tipo alcanza a proponerse.
Hay que reconocer que todo esto sería bastante triste, si en esa mirada hubiera lugar para la tristeza.
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