sábado, octubre 21, 2006

Amor en la cara

Dirán ustedes que últimamente he estado menos ocupado que de costumbre, pero el hecho es que me puse a pensar que nunca he visto a un hombre poner cara de enamorado. Lo me puede valer la consideración de cínico o de igenuo, lo concedo; pero por ahora me voy conformando con tratar de ser sincero.
Lo que digo es que, tanto para mí como, creo, para la mayoría de la gente, es fácil distinguir a una mujer con "cara de enamorada". En las mujeres existe una expresión específica que podemos relacionar con ese estado, En los hombres, por el contrario, no podemos identificar una que no se reduzca a otro tipo de expresiones conocidas. Tomemos una pareja (heterosexual) cualquiera, en el banco de una plaza, por ejemplo. Digamos que podemos deducir de sus respectivos gestos que están relativamente enamorados el uno del otro. Si tenemos suerte, podemos llegar a captar esa mirada para la cual no existe el mundo, ese abismo dentro de su propio abismo, esa luz que abarca y esconde todo, ese rostro de mujer enamorada. Si, por el contrario, observamos al afortunado varón que la acompaña, no encontraremos más que cierta ternura, lascivia, o una seriedad algo exagerada, muy similar a la que muestra ese mismo rostro en medio de una agitada discusión, o unos momentos antes de entrar en una pelea. También podríamos ver reflejado cierto hastío, vértigo o acaso terror. Podemos, asimismo, encontrarnos simplemente con la tradicional cara de bobo.

A falta de mejores ocupaciones, me puse a pensar algunas hipótesis que dieran cuenta del fenómeno, de las que consigno las menos absurdas.

1) El amor no existe.

2) Los varones no se enamoran. Se calientan, se acostumbran, se entusiasman, se resignan... pero enamorarse, ni hablar. Esta es la opinión de ciertas mujeres. En la superficie, apuntan a una calculada pose cínica. Pero si realmente lo creen, están siendo mucho más optimistas de lo que creen, porque es mucho más fácil calentar, someter, o convencer a una persona, que hacer que esa persona se enamore de uno (tarea acaso imposible).

3) La diferencia entre los sexos estriba en que las mujeres haan encontrado, a lo largo de la historia, cierta expresión unificada que no remite a ninguna otra para dar a conocer públicamente su condición de "enamoradas" como un medio más para representar un papel culturalmente asignado. Los hombres, sujetos a otros condicionamientos sociales, habrían trabajado otros gestos, más relacionados con la autoridad y la confrontación. (Esta hipótesis puede complementar la No. 1, aunque tampoco entraría en conflicto con una que afirmara lo contrario)

4) No existe, ni siquiera en las mujeres, una "cara de estar enamorado"; pero la proverbial falta de sutileza del sexo masculino impediría a los varones discernir sus verdaderas emociones e intenciones. Según esta hipótesis, estaríamos percibiendo como una sola lo que en realidad es una gran variedad de expresiones.

5) De la hipótesis anterior se desprende la posibilidad de su contrario. Los varones también ponemos cara de enamorados, pero somos incapaces de percibirlas en otros varones. Lo cual tiene sentido, porque es bien cierto que de poco nos sirve (al menos a los heterosexuales) saber si un hombre está enamorado o no. Mucho más útil es enterarse si el tipo está a punto de agarrarnos a piñas o invitarnos una cerveza. Esto no quiere decir, sin embargo, que las mujeres sean incapaces de reconocer la expresión en otras mujeres; la prueba está en que cualquier buena actriz puede poner cara de enamorada si el libreto así lo requiere. A los actores ya se les complica un poco, los mejores intentan imitar a las mujeres. Lo que más se han acercado son, a mi juicio, Leonardo Sbaraglia y Eduardo Noriega en Plata Quemada (http://www.zinema.com/pelicula/2000/plataque.htm), donde interpretan una pareja de homosexuales.

6) Los varones no entendemos el concepto del amor, o al menos no de la misma manera que las mujeres. Lo reducimos, incluso ante nosotros mismos, a algún tipo de confrontación (lo que explicaría la seriedad, la cara de miedo, o de temor, etc.). No ponemos "cara de enamorado" porque, aunque lo estemos, no sabemos lo que significa estar enamorado.

7) Soy el único imbécil que se preocupa por estas estupideces. El resto de los mortales no tiene este tipo de problemas, o ni siquiera le importan.

1 comentario:

Marcia dijo...

Muchas veces, lo de la cara es un mandato social, en las mujeres me refiero... no te confíes tanto...
Un abrazo, y excelente lo tuyo!!!