miércoles, marzo 31, 2010

Zen (Monty Python y sus precursores)

Yamaoka Tesshu, un joven estudiante Zen,  visitaba maestro tras maestro. Dio finalmente con Dokuon de Shokoku. Deseoso de mostrarle sus progresos, declaró : "La mente, Buda, y todos los seres sensibles, al fin y al cabo no existen. La naturaleza de todo fenómeno es el vacío. No hay claridad ni engaño, no hay sabiduría ni mediocridad. No hay nada de qué desprenderse ni nada que recibir."
Dokuon, que fumaba en silencio, golpeó repentinamente al discípulo con su pipa de bambú. Esto encolerizó al joven.
"Si nada hay", preguntó Dokuon, "¿de dónde viene, pues, esa ira?"
***
Qué quieren que les diga, a mí la imagen del maestro zen sacudiéndole al alumno con la pipa de bambú me hizo agarrarme la panza de la risa. Mi teoría es que cualquier misticismo es el equivalente (milenario o tradicional) a los programas de los Monty Python. Quienes se enfrentan a ellos con la esperanza de encontrar solemnes respuestas simplemente no entendieron el chiste. Si los místicos fueran consecuentes, no sólo serían mudos e invisibles, sino que se contentarían con nunca haber existido.
Su mayor enseñanza es que si los chistes se pudieran explicar, ya no tendrían gracia. En mi opinión eso es estrictamente verdadero, pero precisamente por eso no sirve de nada a quien aspire a dedicarse a la comedia --o a ese subgénero que se llama filosofía--.

2 comentarios:

Juan Rizzo dijo...

La historia del principio la saqué de un 'paper' en el que se intenta defender cierta postura más o menos neohegeliana, bastante incomprensible (al menos para un servidor). Me está costando llegar al final del mencionado artículo, pero descubrí que ayuda mucho imaginármelo en la voz de John Cleese haciendo algún acento a medio camino entre escocés,alemán y japonés.
Saludos.

Juan Rizzo dijo...

Sigo leyendo el artículo (http://philpapers.org/archive/JONFMT.1.pdf)... Parece que la idea del autor es que "debemos resolver todas las preguntas metafísicas, o no resolver ninguna". Esto es posible (e inevitable) porque todas las preguntas metafísicas son una sola, cuya única respuesta posible es el silencio (el Todo, la Unidad, o mejor la 'no pluralidad' o la 'no diferenciación').
Es decir, en las sabias --y también por eso necesariamente inexactas-- palabras del místico: "y... más o menos..."