viernes, enero 16, 2009

Polifemo: un contratiempo cotidiano

Tarea trivial en prospecto, sencillo trámite de adquirir un paquete de cigarrillos en un kiosco poco frecuentado por el tipo, a una hora todavía menos frecuentada por otros mortales.

Detrás de las indispensables rejas --destinadas a resguardar el ingreso (acaso la fuga) de innombrables amenazas-- se agita, cortés, el gigantesco enigma. El tipo no termina de explicárselo a sí mismo (¿se acuerdan de Columbo?). Aparenta entereza (el tipo) pero en realidad se sabe acorralado (¿estrabismo?). La incomodidad se le cuela en el tono de voz, en la torpe manipulación de una suma no del todo exacta (¿un ojo de vidrio? ¿pero cuál?). Es indispensable que mire de una vez por todas a la cara a su interlocutor: es imposible que lo haga sin dejar traslucir su desesperada investigación. Después de todo, no hay necesidad de hacerle pasar un mal rato al trasnochado y solícito dependiente. Al fin y al cabo no es su culpa... (¿será el signo de algún oculto pecado?) Pero tampoco es culpa del tipo, que lo único que quería eran cigarrillos... (¿seguro que no había ningún otro local abierto?)

Como suele suceder, el vértigo de las grandes gestas no se deja referir en palabras. Como también es costumbre, el resultado de los combates fundamentales termina por diluirse entre memorias más urgentes.

Como sin convicción fuma el tipo, ahora.
Como si no estuviera tan seguro.

miércoles, enero 14, 2009

En la web del señor...

Si quien visita este blog se llegara a encontrar en una de esas fases de "webeo" descarriado e insomne, me permito sugerir que se de una vuelta por los blogs que están linkeados acá nomás, a su izquierda.
No hay mucho, pero tenemos de todo, mire.
Están los blogs de mis afectos, los blogs que admiro, y algunos que simplemente me divierten, hay incluso alguno que habrá que imputarle a un genio maligno, o la pura distracción.
Hay quien se dedica a la poesía, al dibujo, a la fotografía, a la historieta; a la teoría, pero también a la práctica más carnal. Hay quien denuncia todo monoteísmo, y quien le reza a la virgen, quien se divierte sanamente (y quien no tanto), quien se pelea por pelear, quien reflexiona, y también quien escribe por no pensar. Están l@s bloggers que nos mantienen al tanto de cómo les va, y l@s que se esconden detrás de posts crípticos; hay quien postea casi cada hora, y quien deja pasar algunos meses entre una actualización y otra...
En fin, como decía, un poco de todo para solaz o estupor del internauta de hoy. Por suerte o por desgracia, no tengo vocación de censor, así que se las van a tener que arreglar ustedes solitos para encontrar el que les interese.
Saludos a todos,
y feliz insomnio.

martes, enero 13, 2009

Cuarteles de verano

I
desde la sombra
que olvidan los caminos
también se extraña

II
¿Y si mañana
sigue llegando tarde
tu ayer caricia?

III
¿No envidia el sol
al ávido murciélago
su azul ceguera?

IV
Mientras los necios
trafican versos lelos
el río bosteza

V
es lo que queda
de tanto irse quedando
en despedidas

domingo, diciembre 28, 2008

Las disculpas del caso

Últimamente los posts se han puesto un tanto "profundos", parece. No sé muy bien a qué se debe, pero prometo intentar no ponerme tan pesado en el futuro.

Obviedad #7

Los días (eso que la gente suele llamar "la vida") manifiestan una oscura y nada inexplicable tendencia a vaciarse.

El protagonista de Casa Tomada dice algo así como que "uno se acostumbra a vivir sin pensar". No queda ni el horror, no sobreviven ni el fastidio ni el cansancio.

Creemos buscar la maravilla. Pero lo triste no es que la maravilla sea imposible, sino que es inevitable.

martes, diciembre 23, 2008

Los asesinos son los demás


"mi pequeña almita baila de alegría"
no es un verso alegre: es un verso cínico, desgarrado.
"La tierra es nuestra", la responsabilidad, de los astros (como "las penas y las vaquitas*, pero al revés). Claro que resulta que la miseria del mundo es nada más (y nada menos) que nuestra miseria; y, porque lo sabemos, es que hoy no queremos saber nada de ella. Reclamamos un zodíaco lejano, un enigmático orden supralunar que dictamine sobre nuestras desdichas, porque al menos así, el misterio está "allá arriba" y acá abajo solamente mi pequeña almita, fingiendo ingenuidad ante historias de nubes y sol.

"con los ojos cerrados no vemos más que nuestra nariz". Consultar constelaciones es una forma entre otras de cerrar los ojos. Que el espacio ilumine nuestros cuerpos todo lo que quiera, que nosotros seguimos sin querer ver. Que nuestra cuna sean las estrellas y la noche, que el viento norte no hiera nuestros huesos.

Sólo el mendigo que somos es capaz de manipular joyas para espectáculo de los ciegos (que nos hemos hecho). Un día, el día en que nos engañamos lo suficiente como para disfrutar la desesperada alegría del niño que se esconde bajo la cama, ése día es "un buen día".

Siempre me asombró uqe toda esta canción habitara en el clima un tanto opresivo de la melancolía. Siempre me pregunté cómo podía ser que un tema que habla "de nubes y sol" dejara tras de sí ese sentimiento de indeterminada nostalgia, de pérdida irreparable, intangible. Nunca antes quise ver que los asesinos no son nunca "los demás", que Marte, Venus y la Luna somos ante todo nosotros.

Todo esto puede parecer una exégesis caprichosa; pero, ahora que lo pienso, poco importa que el mismísimo Charly esté de acuerdo o no con esta interpretación: el tipo escribió el tema, que ya es demasiado. Quizá el verdadero genio radique en poder mostrar lo que incluso el autor no quiere ver. Es posible que, como todo auténtico demiurgo, García no tenga ni idea de lo que hace. Es posible, y sobre todo es tranquilizador, "la locura es poder ver más allá".
Lo incomprensible, lo temible, lo inaceptable, sería un demiurgo cínico y demasiado consciente. Que alguien se refiera a sí mismo como a "una estrella de rock" puede ser signo de banalidad; pero también de esa sabiduría cruel a la que no quisiéramos acercarnos.

jueves, diciembre 18, 2008

Sísifo, Bartleby y la escritura

En cierto sentido, el caso de Sísifo es similar al de Tántalo. Podríamos imaginar que ante la perspectiva de la eternidad, librarse del deseo sería un desafío más bien trivial. Sin embargo, el castigo de Tántalo no es la incómoda circunstancia de que la satisfacción permanezca cercana y al mismo tiempo inalcanzable. La condena que le ha sido impuesta es precisamente la imposibilidad de renunciar al deseo.

Del mismo modo, no hay látigo que obligue a Sísifo a llevar a cabo su tarea. O, en todo caso, el látigo es Sísifo, la cadena es ese trabajo que le pertenece únicamente a él, y al que él pertenece por completo.

Podría decirse que el placer y el dolor, la esperanza y la resignación, le son por completo indistintos. Al fin y al cabo, no forma parte de su tarea distinguir entre unos y otros. Es como si en ello residiera justamente su épica, banal, inapelable dignidad.

Enfrascado en una eternidad de otra índole, Bartleby repite “preferiría no hacerlo”. Y así trama un movimiento tan consistente, tan coherentemente idéntico a sí mismo, que termina – o comienza – por anular la repetición.

Sísifo desaparece en el ciclo eterno de su tarea. Bartleby se inventa en un porfiado desaparecer.

Los mitos prescinden del poeta, e incluso de la leyenda. Pero no hay escritor que no sea, a su manera, Sísifo y Bartleby.

Ambos mitos perduran como un gesto: el gesto del que están hechos (entre otras cosas) el arte y el olvido.

lunes, diciembre 15, 2008

(not)The best of times - Grandes éxitos

Hace un poco más de tres años, el tipo estaba deprimido y escribía cosas como esta:


"Como por ejemplo ahora, que escribo esto sin saber muy bien con qué objeto. En realidad sí que lo sé, estoy destruyendo el tiempo, como siempre lo hago. El viejo Cronos es sin duda un asesino despiadado, que se nutre de sus crías; pero agarráte los calzones cuando a un pendejito se le mete en la pretenciosa cabecita de mortal encarnar al Edipo más resentido, venenoso e ingeniosamente vengativo que se pueda imaginar. Terrón por terrón -o mejor todavía, aliento por aliento- el muy maldito va desgranando lo más campante los cimientos de su temporalidad. Y por supuesto, ahora tiene puesto el traje de Sísifo, y se sabe derrotado de antemano, y sí que le importa, pero por alguna razón (o mejor dicho: por ninguna razón conocida) no puede o no se permite dedicarse a tareas más productivas, como por ejemplo escribir algo bonito o al menos algo ingenioso, aprender a bailar el tango, hacer un curso de cocina, acostarse con una una linda (o fea) muchacha, irse sanamente de putas o descubrir la vacuna definitiva contra la pelotudez crónica. Será que se está más cómodo o todo lo contrario siendo un poco más consciente del movimiento que provoca la náusea."

Ahora el tipo se deprime menos y escribe mucho peor. Será de distraído, o quizá de cobarde, o de puro cínico que se ha vuelto últimamente.

domingo, noviembre 23, 2008

Vagina Dentata

La sensación que alguien podría calificar como "sentimiento de lo divino" carece en su trivial, inapelable materialidad de toda relación con el juicio que afirma o niega la existencia de Dios.

Hay (o puede haber) un rincón desde el cual se huele, por instantes, el infinito.

Ese rincón no es siempre el mismo.

Y no siempre es un rincón.

miércoles, noviembre 19, 2008

Perdiendo el tiempo

Estuve perdiendo el tiempo con Photoshop y armé unos banners para el título del blog. Agradecería su opinión al respecto. Yo prefiero el que prescinde de mi jeta, pero como tampoco es cuestión de intentar esconderse tras el anonimato de la red, por ahí está bueno poner la cara desde el principio.
Uds dirán:

(A)

(B)


(C)

Aclaración

Cuando recomendé haikus públicos, todavía no me habían invitado a participar. Quisiera seguir recomendándolo, así que intentaré hacer lo posible por no arruinarlo demasiado.

martes, noviembre 18, 2008

Update (Pasen y vean)

Estuve buscando alguna plantilla nueva para cambiar la actual, pero la verdad es que esta me gusta. Por ahora me conformé con ponerle un banner con mi(s) mejor(es) cara(s) de trastornado. Además, agregué unos links en Otros distraídos..., son unos blogs que la verdad vale la pena visitar (sobre todo recomiendo haikus públicos).
Además, las obviedades ya tienen etiqueta propia.
Disfruten.
O sufran.
Como les guste.

Obviedad #6

Sólo debemos genuino respeto a aquellos que alguna vez supieron perder todo nuestro respeto.

miércoles, noviembre 12, 2008

Dipteriloquio

Nuestra raza adolece del prodigio y la incomodidad de la visión múltiple. Por ejemplo, mi compañero acá presente, está convencido de que el futuro nos espera en un ángulo (difícil de concebir para ustedes) inmediatamente superior a nosotros y en la dirección general que ustedes denominarían "derecha". Soy conciente de que no veo exactamente lo mismo que él, mucho más conciente de lo que se podrían imaginar, y de una forma que ustedes siquiera sospechan; pero así y todo, desde mi(s) punto(s) de vista las cosas no parecen tan sencillas. Es cierto que he escuchado testimonios sobre ese ángulo elusivo que mi amigo llama "futuro"; pero, como no podía ser de otra manera, esa multitud de cándidos reportes dejó en mi alma (múltiple y tornasolada) una impresión múltiple y tornasolada. Por lo que no es de extrañar (siquiera para ustedes) que mis dudas al respecto se fragmenten y refracten sutilmente hasta formar algo muy parecido a una certeza. Sin embargo, a pesar de mi agudísima (y abarcadora) visión, se me hace imposible ubicar de manera precisa esa certeza.

Mis experiencias parecen indicar que alguno de mis inconstantes destinos, más tarde o más temprano, habría de ponerme en camino hacia alguna (o ambas) de estas muertes. En mis días supe abismarme con convicción en la pestilente e inerte certidumbre; también (y al mismo tiempo) me destrocé alegremente los ojos contra ese resplandor de maravilla, esa pared invisible que me aprisiona desde adentro. Ya no soy joven (mi experiencia se cuenta en horas enteras), y sin embargo me reconforta saber que todavía soy ajeno a esa trama frenética con la que mis hermanos mayores enturbian la santa morada del espacio.

Pero intentaré explicarme mejor, intentaré contarles lo que imagino que ustedes ven.

Ustedes ven una nube de moscas, ven el montón de basura, y ven (esto sólo puedo conjeturarlo) algo que ustedes llaman "cristal". Ustedes oyen un zumbido repugnante que parece venir de todos lados (en el que no pueden, o no quieren, llegar a oír este mi discurso). Ustedes ignoran que, entre otras cosas, somos los arquitectos de su cárcel, como ustedes lo son de la nuestra.

lunes, octubre 27, 2008

El personaje-psicópata y el director-psicópata (Tragedia, Épica y Nostalgia)

El psicópata liso y llano, por ponerlo de alguna manera, no es un buen personaje. El psicópata "puro" como personaje es una especie de máquina aislada cuya función sería introducir el sufrimiento y el caos entre los personajes. Pero eso es lo que toda la vida se llamó "autor"; y en el autor, la eficiencia viene siendo lo menos interesante (cfr. más adelante). Pero la eficiencia es lo que define al psicópata como personaje (o cuasi-personaje). Para hacer de él un auténtico personaje (es decir, interesante, dramáticamente valioso) hay que agregarle "algo más" --que equivale aquí, a "quitarle algo" de lo que lo define como psicópata--. Hay que hacer de él otra cosa además de un psicópata "a secas". Dexter es un buen ejemplo de esto. A medida que avanza la historia, resulta que el protagonista es más parecido a los espectadores de lo que en un principio estábamos dispuestos a admitir. De hecho, toda la narrativa se basa en construir esa identificación con el protagonista por parte de la audiencia (cosa que, evidentemente, sería imposible si se tratara de un "auténtico psicópata"). Otro recurso sería conservarlo en su total incomunicabilidad, en la irreductible opacidad de sus acciones, pero presentarlas desde un punto de vista "externo", "estético", mostrarnos su "obra" como objeto prodigioso y hasta admirable (es el caso del Hannibal Lecter de El silencio de los Inocentes, y probablemente del protagonista de El Perfume). A Hannibal se le elogia la originalidad, la precisión, la creatividad -- todo sobre un fondo de infalibilidad divinamente maquínica que es parte de su misma definición como (cuasi)-personaje psicópata--. Y aquí es donde entran en escena directores como Michael Haneke (y por ejemplo, "nuestra" Lucrecia Martel). En Funny Games, Haneke hace un uso narrativo del personaje del psicópata que es justamente el de instaurarlo como instrumento, como artefacto de tortura, pero esta vez apuntado al público. En rigor, no se trata solamente de ese personaje específicamente, sino de toda una disposición dramático-narrativa que, de hecho, puede construirse prescindiendo del psicópata-personaje. Es lo que los estadounidenses --siempre tan primitivos o tan pacatos-- intentan hacer con películas como Saw, o Hostel (o inclusive Hannibal, cuyo planteo es completamente diferente del de El silencio de los Inocentes). Es lo que Haneke lleva a cabo, pero "como se debe"; es decir, de la manera más efectiva y eficiente posible, gambeteando estúpidos excesos sanguinarios y desplegando su refinadísimo tacto de torturador ilustrado. Domina recursos narrativos equiparables a los de los grandes directores; y en ello, no podemos dejar de admirarlo.
Mi objeción es que no va más allá de ese dominio. Nos impone perfectos mecanismos de relojería (auténticas naranjas mecánicas) destinados a llevar a cabo impecablemente su tarea. Como todo un psicópata exquisito, elige infaliblemente los medios más ajustados a sus fines. En ello, repetimos, no podemos menos que aplaudirlo. Pero resulta que queremos que el artista sea "algo más" que un irreprochable arquitecto de artefactos eficientes. Y así, tenemos que el maestro del engaño acaba por revelar sus cartas inevitablemente (y desde el principio) sus cartas. Porque cuando vemos la máquina, y vemos el fin --y esto es lo que le veníamos aplaudiendo-- sentimos la tendencia a no seguirle más el juego. Y es que ya no es un juego, el autor ya está asimilado a la máquina, o al psicópata (a lo absolutamente otro como límite de la perfecta incomunicación e incomunicabilidad).
Esta especie de exceso relativo de técnica termina por vaciar la obra; o, desde otro punto de vista, revela por fin el vacío que estaba ahí desde siempre. Se podría argumentar que ésa y no otra es la intención del director, pero esto nos llevaría de vuelta a la objeción anterior: solamente quedaría congratularlo por una tarea eficientemente realizada. Otra vez en el vacío, ese vacío que, al menos en mi opinión, no es lo (único) que el arte (como tal) puede y debe revelar.
Al respecto, me gustaría referirme a lo que podríamos llamar cierta inversión de los términos del acontecimiento dramático. Ya no contemplamos (como en las tragedias griegas) el sufrimiento de los personajes para compadecernos de ellos, y purgarnos así de esa indigna pulsión. Sucede ahora todo lo contrario: cuando vemos una película de Haneke asistimos a nuestra propia tortura. En otro sentido (o en el mismo) ya no nos ponemos en el punto de vista del sádico, sino del masoquista; hoy somos nosotros los que anhelamos compasión (actitud ésta infinitamente más repugnante que el deseo de "prodigarse").
Todo lo anterior puede que sea extremadamente interesante para una mirada "técnica", "conceptual", "meta-narrativa" o cualquier otra degeneración por el estilo; pero, si hemos de intentar ser valientes (es decir, sinceros), debemos reconocer que todo esto importa un innegable y enfermizo mal gusto.
Y cuidado que no estoy diciendo: "no miren Caché(Escondido) o Funny Games" (las dos películas de Haneke que recuerdo haber visto, y donde se ve claramente, al menos para mí, este procedimiento del que hablo). Y no lo digo, en primer lugar, porque no es mi interés legislar sobre los hábitos cinematográficos de nadie; y en un segundo y más importante lugar, porque, mal que nos pese, este cine es nuestro cine (parte de nuestro destino). Si no podemos evitar mirar estas películas, imponernos estas películas, es porque nos sabemos --también-- del lado de los victimarios. Somos cultores entusiastas de los limpios y eficientes instrumentos de tortura. Nos sentimos ineludiblemente obligados (y tentados) a rendirnos voluntariamente a ellos al menos durante un par de (interminables) horas. Y todo el proceso está manchado de la nostalgia de que nos es negado incluso el fugaz placer de ser víctimas de un auténtico sádico (aquí: auténtico=humano). Nos entregamos ritualmente y sin mayores ceremonias a una máquina perfecta cuya única función es hacernos sentir como lo que ya sabemos que somos: víctimas automáticas de un sadismo automático. ¿Llegaremos a entender algún día la infinita perversidad de tan refinado procedimiento?
Por último, me parece que en los directores de los que Haneke cosechó su infalible arsenal técnico sí existe ese "algo más" que los hace genuinamente interesantes. Tomemos a Tarkovski, por ejemplo (la excusa está en Funny Games, donde se hace referencia a Solaris). Yo no estoy seguro de que Tarkovski supiera siempre exactamente qué estaba haciendo en sus películas; en esa sincera incertidumbre --o incierta sinceridad-- se esconde, en mi opinión, el auténtico genio artístico. Si hay un valor propio del arte, está en esa duda, en esa inadecuación, en ese caos desbordante. En resumen, si ese valor existe, se llama coraje, y es otra de esas prodigiosas desmesuras de las que a nuestra época no parece quedarle más que la nostalgia.

miércoles, octubre 22, 2008

sábado, octubre 18, 2008

Ontologicum

La filosofía en tres palabras: "cosas que pasan..."

***
O, si les gusta más, en haiku:

filosofía
ponele, en tres palabras:
"cosas que pasan..."

***

viernes, octubre 10, 2008

Una confusión cotidiana

Suele suceder que dos personas discuten sobre cierto tema, pero no llegan a ponerse de acuerdo. También sucede, muchas veces, que en realidad parece que se trata todo de un equívoco, y que los interlocutores, a pesar de ser de la misma opinión, no "saben que ya están de acuerdo" debido a que se expresan de manera diferente.
Podría plantearse que ambos estaban de acuerdo "en el fondo" (aunque "en la superficie" parecieran no estarlo). Y si planteáramos ese "en el fondo", a la manera de Chomsky, como un lenguaje "profundo" compartido por ambos, nos encontraríamos en un verdadero problema.
Efectivamente, se necesitaría un tercero capaz de "ver" ( de "comprender") esa forma profunda compartida en la discusión de los primeros dos. El problema es que ahora necesitaríamos una cuarta persona capaz de dar cuenta, a su vez, de "lo profundo" compartido entre este tercero y los del diálogo original, y así al infinito.
O, de otra forma, ¿cómo haría este tercero para explicarles a los otro dos el hecho de que su disputa es sólo aparente? Si utilizara directamente este lenguaje común ("profundo", "primario", etc.) --y aún no sabemos cómo podría hacerlo-- resultaría que ninguno de los dos lo comprendería (ya habíamos dicho que allí se encontraba, precisamente, el malentendido) Podría optar por dirigirse alternativamente a cada uno de ellos en la forma "secundaria" ("deformada", "derivada") propia de cada uno. Pero, entonces, cada uno escucharía solamente una repetición puntual de sus propios argumentos, y por ese lado tampoco avanzaríamos. Y eso por no hablar de los superpoderes lingüísticos de la mentada tercera persona, capaz de comprender ambas formas "secundarias", traducirlas al "lenguaje profundo", saber a ciencia cierta que éste es tal (es decir, el único lenguaje profundo posible). Su propio discurso estaría, potencialmente, "libre de deformaciones", pero aun así, compartiría al mismo tiempo las "formas degeneradas" o "secundarias" utilizadas por cada uno de los otros.
Sería un bicho raro este tipo ¿acaso un dios? Lamentablemente, como todo dios, estaría infinitamente solo, infinitamente más solo que los dos polemistas originales.
Sin embargo, también ocurre que a menudo estos tipos siguen discutiendo y, en ese momento o en otro, de alguna manera logran ponerse de acuerdo (de ahí la impresión con la que comenzábamos) sin ninguna ayuda sobrenatural. ¿Qué pasó aquí? ¿Uno de los modos de expresarse "se impuso" al otro? ¿O ambos se modificaron mutuamente dando lugar a un nuevo modo de expresarse, digamos, sintético; compartido, sí, pero no ya de manera trascendente, o a priori, sino de manera, por decir así, concreta, construida, práctica? En el primer caso podemos suponer que la forma de expresión que se impuso era inherentemente superior; al fin y al cabo, que ese interlocutor "tenía razón" y el otro no. Pero no se entiende cómo podría darse esto si no hubiera tenido lugar la segunda opción (la síntesis), ya que de otra manera permanecerían ambos en el mismo plano, y no dejarían nunca de oponerse como iguales.
Y no estoy seguro si esto es idealismo o expresión de deseo, o alguna otra cosa. Pero parece ocurrir así, o al menos parece que se lo puede comprender de esta manera. Acaso se lo pueda comprender también de muchas otras, y sería interesante tratar de ponernos de acuerdo sobre ellas.



Anexo 1 (todo muy lindo, pero...)

...seamos justos: este divino tercero podría argumentar que él posee la "regla" para reducir cada uno de los lenguajes derivados de un lenguaje común (al menos hasta ahí me dio la cabeza para entender a Chomsky). Pero el problema sigue siendo cómo hacer entender esta "regla" a los dos polemistas. Porque si esta regla debe ser aceptada, parecería que también debería ser "contrastable" con algo. Pero ese "algo", ¿no es justamente aquello cuya existencia está tratando de PROBAR "el tercero"?
Ahora me doy cuenta de que evidentemente la solución de la "acomodación mutua" o "síntesis" también es un poco "mágica", porque también dependería de algún tipo de "regla de la síntesis"( o "forma...) que presentaría problemas análogos a los del "lenguaje profundo" de Chomsky. O bien sería ella misma indeterminada y un poco como el producto de cierta (inexplicable) acción divina.
Lo más seguro es que me faltan categorías y estoy planteando el problema de la peor manera. Entre otras cosas, no sé cómo definir "ponerse de acuerdo", "comprender al otro","hacerse entender", "comprenderse mutuamente", etc.
A estas alturas ya no estoy convencido de si lo más sano es seguir investigando o dejarme de molestar con un problema que evidentemente me supera, y que después de todo por ahí ni siquiera sea un auténtico problema.
Como diría Felipe, "¿Justo a mí me tenía que tocar ser como yo?"

Nueva etiqueta

El post anterior tiene la etiqueta Apuntes. Antes no publicaba estas cosas en el blog, pero llegué a la conclusión de que acá tengo menos despelote que en mis cuadernos. A falta de mejor archivo, y de toda vergüenza, decidí poner algunas de esas cosas acá.
Como siempre, se agradecen los comentarios. Lo único que les pido es que no me salgan con eso de : "esto ya lo dijo/pensó/escribió Fulano o Mengano". Créanme: es el comentario menos original de todos.

Lo dicho (Backstage)

(...viene de alguna otra cosa, que ahora no puedo encontrar)

OBJECIÓN. Posible petición de principio. Si decimos que todo lo que llamamos comunicación no es otra cosa que "apariencia de comunicación" o "representación de comunicación" estamos introduciendo lo definido en la definición.

POSIBLE RESPUESTA. Decir "la comunicación es apariencia de comunicación", es un acto comunicativo como cualquier otro; y como tal, apariencia. Equivale a decir que el discurso (o la comunicación que se "realiza" a través del discurso) carece de "interioridad" o "fundamento". Puede ser que esto no explique nada, o que sólo estemos exponiendo una obviedad, pero es importante porque da cuenta de esta propiedad de lo que llamamos comunicación: y es que ésta es capaz (o somos capaces en o por ella) de advertir justamente esa falta de "fundamento último". Así, comunicar sería mostrar la comunicación y, bien mirado, sería siempre mostrarla en su totalidad. Esto es, en su realidad de búsqueda (infundada) de un fundamento último, eternamente elusivo.
Es verdad, hay aquí una petición de principio, como en todos nuestros actos: era eso lo que intentábamos mostrar. Y ello, se entiende, en la medida en que puede ser mostrado, siempre insuficiente y contradictoria. Pero la opción contraria es no menos circular: intentaríamos entonces mostrar que nada puede ser mostrado. Y en ese caso, obviamente, estaríamos realizando exactamente el mismo movimiento, la misma petición de principio. Lo que se podría oponer, a su vez, a estas dos posiciones (en tanto que son la misma) no es siquiera concebible.
Y que no se diga tampoco que todo puede ser mostrado (en su totalidad), porque eso ya no sería "mostrar", ya no habría develamiento, movimiento, comunicación alguna (ni sujeto, ni signo, ni mensaje, etc.)